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El XIX Festival Intercultural de las Naciones ya ha abierto sus puertas en Santander para convertir durante 28 días el aparcamiento de los Campos de Sport del Sardinero en un gran punto de encuentro entre culturas, tradiciones, gastronomía, música y solidaridad. La cita, que se desarrolla desde el 10 de agosto hasta el 6 de septiembre de 2026, reúne propuestas procedentes de distintos lugares del mundo y una amplia representación del talento local. La alcaldesa de Santander, Gema Igual, ha puesto en valor el carácter del festival como espacio de convivencia y diversidad cultural, destacando que el encuentro contribuye a enriquecer la ciudad a través del conocimiento, el respeto y la participación. Eso sí, si en algún momento quieres darte una vuelta por el barrio de Puertochico para comer pescado a la plancha en Santander te recomendamos El Mástil.


Pescado a la plancha en Santander

 

Durante casi un mes, Santander vuelve a mirar hacia el mundo desde uno de sus espacios más reconocibles, en las inmediaciones de El Sardinero. El festival plantea una programación que combina actuaciones, gastronomía, actividades familiares, iniciativas sociales y propuestas destinadas a favorecer la inclusión. La filosofía del encuentro se entiende precisamente desde esa mezcla: distintas procedencias, expresiones artísticas y formas de entender la cultura comparten un mismo recinto sin perder sus particularidades. En este contexto, El Mástil, restaurante santanderino especializado en cocina marinera y en pescados frescos a la plancha del Cantábrico, forma parte también del paisaje gastronómico de una ciudad que durante estos días recibe visitantes atraídos por una agenda cultural especialmente diversa.

Un festival que convierte El Sardinero en punto de encuentro

La XIX edición del Festival Intercultural de las Naciones prolonga una iniciativa que tiene en la diversidad cultural uno de sus principales argumentos. El recinto instalado en el aparcamiento de los Campos de Sport del Sardinero funciona durante estas semanas como un espacio abierto en el que conviven actuaciones musicales, espectáculos, gastronomía internacional, asociaciones, iniciativas solidarias y actividades dirigidas a públicos diferentes. La entrada libre favorece que el festival pueda integrarse en los planes habituales de residentes y visitantes, sin necesidad de plantearlo como una actividad aislada o exclusivamente vinculada a un determinado tipo de público. La propuesta adquiere así una dimensión urbana: las personas pueden acercarse para disfrutar de una actuación, conocer una tradición, probar una especialidad gastronómica, participar en una actividad solidaria o simplemente recorrer el recinto y descubrir otras culturas.

La alcaldesa de Santander, Gema Igual, ha destacado precisamente esa capacidad de generar convivencia. La diversidad cultural no se presenta únicamente como una suma de países representados, sino como una oportunidad para favorecer el encuentro entre personas que viven en la misma ciudad. En una celebración de estas características, la cultura puede funcionar como un lenguaje compartido, capaz de facilitar el conocimiento mutuo a través de la música, la danza, la gastronomía, los trajes tradicionales o las manifestaciones artísticas. El planteamiento resulta especialmente significativo en un espacio público como El Sardinero, donde durante el verano confluyen vecinos, familias, turistas y colectivos de procedencias diversas.

Brasil, protagonista especial de la XIX edición

Uno de los principales focos de atención de esta edición estará puesto en Brasil, país invitado especial del festival. Su presencia permite ampliar la mirada hacia una cultura caracterizada por una enorme variedad de manifestaciones musicales, artísticas y sociales. El programa reservará el domingo 16 de agosto a una jornada especial dedicada a Brasil, convirtiendo la fecha en uno de los momentos destacados de la programación. La elección de un país invitado permite además que el público se acerque a una cultura concreta con mayor profundidad, más allá de las referencias generales que pueden aparecer en una programación internacional.

La presencia brasileña tendrá también una dimensión artística fuera del recinto principal. Entre el 13 y el 27 de agosto podrá visitarse una exposición dedicada a Brasil en el Centro Cívico de Cazoña. La muestra complementa la programación del festival desde una perspectiva diferente, trasladando parte de la celebración cultural a otro espacio de la ciudad. De esta manera, la edición de 2026 amplía sus escenarios y ofrece una aproximación que no depende únicamente de las actuaciones en directo. La exposición permite introducir un componente visual y divulgativo en la programación y facilita que quienes se acerquen puedan descubrir otros aspectos de la cultura brasileña.

El protagonismo de Brasil encaja con el carácter internacional del festival, pero no desplaza la representación de otras procedencias. La programación mantiene una vocación abierta y reúne propuestas vinculadas a diferentes países y comunidades. La convivencia de todas ellas es uno de los elementos que explican la identidad de esta cita santanderina. El objetivo no es establecer una clasificación entre culturas, sino generar un escenario común en el que cada una pueda mostrar sus expresiones propias y, al mismo tiempo, relacionarse con las demás. Esa combinación convierte al festival en una especie de escaparate cultural en el que el público puede recorrer distintas tradiciones sin salir de Santander.

Pescado a la plancha en Santander

Una agenda marcada por fechas especiales

El calendario de la XIX edición incorpora diferentes jornadas temáticas y acontecimientos que permiten organizar el recorrido por el festival a lo largo de sus 28 días. El 14 de agosto será una fecha especialmente vinculada al compromiso social con la celebración de la XVI edición de los Premios Alberto Pico. Estos reconocimientos ponen el foco en personas, entidades o iniciativas relacionadas con el compromiso social y solidario, reforzando una de las dimensiones que forman parte de la identidad del encuentro. La entrega de estos premios introduce un momento de reconocimiento público a quienes desarrollan una labor orientada hacia los demás y recuerda que la programación del festival no se limita al entretenimiento.

El 18 de agosto llegará la jornada dedicada a la Fundación Racing, una cita que conecta la programación intercultural con el tejido social y deportivo de Santander. La elección de esta entidad para protagonizar una jornada muestra también la capacidad del festival para relacionarse con instituciones y colectivos vinculados a la vida cotidiana de la ciudad. Las celebraciones de este tipo permiten que el recinto se convierta en un espacio de reconocimiento y participación, donde las iniciativas locales encuentran un escenario dentro de una programación de alcance internacional.

Otro de los momentos destacados será el 27 de agosto, con la celebración del Love Pride junto a ALEGA. La jornada incorpora al programa la reivindicación de la diversidad afectiva y sexual y amplía el concepto de inclusión que recorre toda la edición. La presencia de esta iniciativa dentro del festival contribuye a reforzar la idea de que la diversidad cultural puede abordarse desde diferentes dimensiones y que un espacio dedicado a la convivencia también puede servir para visibilizar realidades sociales diversas. El calendario adquiere así un carácter plural, con propuestas que van desde la cultura internacional hasta el reconocimiento de colectivos y causas sociales.

Talento, música y artes escénicas con protagonismo local

El escenario será uno de los grandes puntos de encuentro de esta edición. Más de 500 personas participarán en las diferentes propuestas artísticas, una cifra que refleja la amplitud del programa y el peso que adquiere la participación local. Entre los protagonistas figuran nueve grupos de talento local, 31 escuelas de baile, 19 asociaciones de migrantes y nueve tributos internacionales. La variedad de perfiles permite que el público encuentre actuaciones muy diferentes entre sí y que el festival no dependa exclusivamente de artistas procedentes de fuera de Santander. La participación de escuelas, asociaciones y grupos de la ciudad refuerza la conexión entre el evento y el tejido cultural santanderino.

Las 31 escuelas de baile aportan además una dimensión especialmente visual a la programación. Las danzas permiten presentar tradiciones, estilos y formas de expresión que pueden ser comprendidos incluso cuando no existe un conocimiento previo de su contexto cultural. En un festival de estas características, el escenario funciona como un lugar de intercambio y no solo como una plataforma para el espectáculo. Los grupos locales pueden mostrar su trabajo ante un público amplio, mientras las asociaciones de migrantes tienen la oportunidad de compartir expresiones relacionadas con sus lugares de origen. El resultado es una programación en la que la identidad de Santander y la diversidad internacional se encuentran de manera constante.

El 5 de septiembre, a las 20:00 horas, llegará otro de los grandes hitos de la agenda con la celebración de la III edición del Talent Show Excelencia Santander. El espectáculo estará acompañado por Ana Mancina y Poti y pondrá el foco en disciplinas como el canto, la danza, la magia y las artes escénicas. La propuesta ofrece una ventana específica para el talento y permite que diferentes capacidades artísticas ocupen el escenario ante el público. Su presencia en los últimos días del festival contribuye a mantener el ritmo de la programación hasta prácticamente la jornada de clausura.

Una gastronomía que también cuenta historias

La gastronomía ocupa un lugar central dentro de la experiencia del festival. La posibilidad de acercarse a platos y productos vinculados con diferentes países permite descubrir la diversidad cultural a través de uno de los elementos más cotidianos y accesibles. Perú, Argentina, Italia, España y Francia, entre otros lugares, estarán representados en la oferta gastronómica, mientras que las asociaciones de migrantes de Santander dispondrán de una jaima propia. La comida se convierte así en otro lenguaje de encuentro: una receta, un ingrediente o una forma de cocinar pueden servir como punto de partida para conocer una tradición y comprender mejor la cultura de quienes la mantienen.

Esta dimensión gastronómica conecta también con la propia identidad de Santander, una ciudad en la que la cocina marinera y el producto del Cantábrico forman parte de su tradición. En ese contexto, El Mástil representa una de las opciones vinculadas a la cocina local, con una propuesta centrada especialmente en pescados frescos a la plancha del Cantábrico. Su carta incorpora además rabas, pinchos, mariscos, entrantes, ensaladas, carnes, platos caseros y una selección de vinos, dentro de una apuesta por el producto de calidad y los ingredientes frescos.

La variedad de la oferta gastronómica del festival permite entender que la alimentación puede desempeñar un papel cultural tan relevante como la música o la danza. Las propuestas de distintos países conviven durante estas semanas con la cocina tradicional de Cantabria y con establecimientos de la ciudad que mantienen su propia personalidad. La experiencia del visitante puede combinar, por tanto, el recorrido por las casetas y los espectáculos con el descubrimiento de restaurantes y espacios gastronómicos santanderinos. En el caso de El Mástil, esa relación con la cocina marinera se apoya además en productos de temporada que pueden estar disponibles según el momento del año, como el rodaballo salvaje, el bonito o el machote.

Solidaridad como parte esencial del festival

La dimensión solidaria constituye uno de los ejes de la programación. A lo largo de estas semanas, el recinto acogerá iniciativas destinadas a apoyar diferentes causas y a dar visibilidad al trabajo de organizaciones sociales. Entre ellas se encuentra la merienda para los niños saharauis del programa Vacaciones en Paz, una iniciativa que introduce una vertiente de acogida y solidaridad dentro de la programación festiva. La actividad recuerda que la convivencia intercultural también puede expresarse mediante acciones concretas de apoyo y acompañamiento a personas que se encuentran en situaciones diferentes.

Otra de las iniciativas será la venta del Vaso Solidario dedicado a Venezuela, con un precio de dos euros. La recaudación se destinará a ayuda humanitaria, de manera que una adquisición simbólica dentro del festival se transforma en una aportación económica para una causa social. Este tipo de acciones permiten integrar la solidaridad en la experiencia cotidiana del visitante y ofrecen una forma sencilla de colaborar mientras se participa en la celebración. La elección de Venezuela como destinatario de esta iniciativa introduce además una dimensión internacional que coincide con el carácter global de la cita.

El compromiso social se completa con la presencia de casetas de diferentes ONG y colectivos. Entre las entidades participantes figuran la Asociación Española Contra el Cáncer, 14 Kilómetros, Manos Unidas, Pelones Cantabria, AMARA, Fundación Vicente Ferrer, Cruz Roja, Cocina Económica y Oxfam. Su presencia permite acercar al público el trabajo que realizan durante todo el año y proporciona un espacio para explicar sus objetivos, proyectos y formas de colaboración. La integración de estas organizaciones dentro de un festival de carácter cultural evita que la solidaridad aparezca como un elemento aislado y la incorpora al recorrido habitual de quienes visitan el recinto.

Pescado a la plancha en Santander

Accesibilidad e inclusión como una de las grandes novedades

Uno de los aspectos más relevantes de la XIX edición es la atención específica a la accesibilidad. El festival ha planteado medidas destinadas a facilitar la participación de personas con diferentes necesidades, de manera que la diversidad no se limite a las culturas representadas en el escenario. Entre las novedades figura un horario sin música los lunes, martes y miércoles, de 11:00 a 17:00 horas. Esta franja está pensada especialmente para personas con trastorno del espectro autista, TEA, y para quienes presentan hipersensibilidad acústica. Reducir los estímulos sonoros en determinadas horas puede facilitar que estas personas puedan recorrer el recinto y disfrutar de sus actividades en unas condiciones más adecuadas.

La medida supone una adaptación de la experiencia habitual del festival y muestra que la accesibilidad también requiere prestar atención a factores que no siempre son visibles. El ruido, la intensidad de los estímulos y la concentración de personas pueden condicionar la posibilidad de participar en un evento multitudinario. Reservar unas horas concretas con menor carga sonora permite ampliar las oportunidades de acceso y hace compatible una programación festiva y musical con las necesidades de quienes pueden sentirse incómodos o sobreestimulados en ambientes de elevada intensidad acústica.

La accesibilidad se extiende también al ámbito de la discapacidad visual mediante la incorporación de tecnología NaviLens. Este sistema permite facilitar la orientación y el acceso a información a personas con discapacidad visual a través de recursos tecnológicos diseñados para mejorar la autonomía en los desplazamientos. La iniciativa complementa otras medidas físicas presentes en el recinto, como las terrazas adaptadas para sillas de ruedas y la existencia de un baño específico para personas ostomizadas. Estas actuaciones reflejan una concepción amplia de la accesibilidad, que contempla tanto la movilidad como las necesidades sensoriales y funcionales.

También se han previsto actividades adaptadas para personas sordas. Tanto el cuentacuentos como el desfile de trajes típicos contarán con traducción o adaptación específica para facilitar su seguimiento. La inclusión de estas propuestas dentro de la programación cultural tiene una relevancia especial porque permite que actividades dirigidas al público general puedan ser disfrutadas por personas con discapacidad auditiva. El objetivo no consiste únicamente en disponer de espacios accesibles, sino en procurar que la programación sea accesible en su conjunto.

A estas medidas se suma el carácter pet-friendly del festival, que permite la entrada libre de perros. La posibilidad de acceder con animales de compañía amplía las opciones para quienes incorporan a sus mascotas en su vida cotidiana y facilita que una visita familiar pueda organizarse sin necesidad de separarse de ellas. En conjunto, todas estas iniciativas refuerzan la idea de que la inclusión forma parte de la planificación del festival y no constituye un elemento secundario añadido a una programación ya diseñada.

Las asociaciones de migrantes, protagonistas de la diversidad

Las 19 asociaciones de migrantes que participan en esta edición desempeñan un papel importante dentro del relato intercultural del festival. Su presencia permite que la diversidad cultural se represente desde la propia comunidad que reside en Santander, en lugar de limitarse a una exposición puntual de tradiciones extranjeras. Las asociaciones actúan como espacios de participación, conservación cultural y relación social, y su incorporación al programa facilita que el público conozca mejor las diferentes comunidades que forman parte de la ciudad.

La jaima propia de las asociaciones de migrantes de Santander constituye uno de los espacios destinados a favorecer ese contacto. Allí, las tradiciones y experiencias de diferentes comunidades pueden adquirir una dimensión cercana y cotidiana. El festival ofrece de esta manera un escenario para mostrar no solo manifestaciones culturales, sino también la realidad de personas que han establecido su vida en Santander y que mantienen vínculos con sus lugares de origen. La interculturalidad se entiende así como una relación bidireccional: las comunidades comparten parte de su identidad y, al mismo tiempo, participan activamente en la vida de la ciudad.

La participación de estos colectivos adquiere especial sentido en una programación que pretende hablar de convivencia. La cultura puede ser una vía para generar reconocimiento mutuo, pero el encuentro cotidiano es el elemento que permite consolidar esa relación. Actividades gastronómicas, actuaciones, desfiles y espacios asociativos proporcionan oportunidades concretas para que personas de diferentes procedencias compartan un mismo lugar. La programación del festival convierte esa convivencia en una experiencia pública y visible durante 28 días.

El tramo final y una clausura con sabor multicultural

Los últimos días del festival concentrarán algunas de las actividades más destacadas de esta edición. El 5 de septiembre, el III Talent Show Excelencia Santander reunirá a participantes vinculados al canto, la danza, la magia y otras artes escénicas. La presencia de Ana Mancina y Poti contribuirá a conducir una cita que pone el talento en primer plano y que se ha incorporado progresivamente a la identidad de la programación. La fecha, además, permitirá mantener la actividad artística hasta la víspera de la clausura, prolongando la participación del público durante el último fin de semana.

El 6 de septiembre llegará la clausura con una merienda multicultural protagonizada por las asociaciones de migrantes y un desfile de trajes típicos. Ambas propuestas resumen buena parte de la filosofía de la edición: compartir, mostrar identidades diversas y crear un espacio de encuentro. Los trajes tradicionales permiten trasladar al público elementos visuales relacionados con diferentes culturas, mientras que la merienda introduce nuevamente la gastronomía como instrumento de convivencia. La jornada final no se plantea únicamente como el cierre de una programación, sino como una celebración colectiva de la diversidad que ha estado presente durante todo el festival.

El desfile tiene además una dimensión especialmente representativa porque reúne en un mismo recorrido diferentes formas de vestir, símbolos y tradiciones. En un evento de carácter intercultural, este tipo de actividad ayuda a hacer visible la pluralidad de las comunidades participantes y proporciona una imagen final del encuentro basada en la convivencia. La adaptación del desfile para personas sordas refuerza, además, el compromiso de la organización con una clausura accesible y coherente con las medidas inclusivas desarrolladas durante las semanas anteriores.

Una cita que une cultura internacional y vida santanderina

La XIX edición del Festival Intercultural de las Naciones presenta una programación extensa en la que conviven propuestas internacionales, participación local, gastronomía, solidaridad y accesibilidad. Brasil ocupa este año un lugar especial, con una jornada específica el 16 de agosto y una exposición artística entre el 13 y el 27 de agosto en el Centro Cívico de Cazoña. Los Premios Alberto Pico, la jornada dedicada a la Fundación Racing, el Love Pride junto a ALEGA y el Talent Show Excelencia Santander añaden diferentes perspectivas a un calendario diseñado para mantener la actividad durante todo el periodo.

La presencia de más de 500 personas sobre el escenario, junto con nueve grupos de talento local, 31 escuelas de baile, 19 asociaciones de migrantes y nueve tributos internacionales, refleja la dimensión participativa de la cita. No se trata únicamente de contemplar una programación preparada por terceros, sino de acercar al público a una parte del tejido cultural y asociativo de Santander. Las actuaciones y actividades permiten que quienes participan como artistas, miembros de asociaciones o representantes de distintas comunidades tengan un papel activo en la construcción del festival.

La gastronomía completa esa experiencia mediante una oferta que recorre diferentes países y que incorpora propuestas de Perú, Argentina, Italia, España y Francia, además de la jaima de las asociaciones de migrantes. En una ciudad con una fuerte tradición gastronómica, la presencia de establecimientos como El Mástil, con su especialización en pescados frescos del Cantábrico, recuerda que la experiencia culinaria de Santander también forma parte del atractivo de la ciudad. El festival amplía esa mirada con una selección internacional que permite comparar sabores, ingredientes y formas de cocinar sin abandonar el entorno de El Sardinero.

La solidaridad y la inclusión completan una propuesta que busca trascender el carácter puramente festivo. Las casetas de organizaciones sociales, el Vaso Solidario dedicado a Venezuela, la merienda para los niños saharauis de Vacaciones en Paz y los Premios Alberto Pico introducen una dimensión de compromiso. Por su parte, las horas sin música para personas con TEA o hipersensibilidad acústica, la tecnología NaviLens, las terrazas adaptadas, el baño para personas ostomizadas y las actividades adaptadas para personas sordas muestran que la accesibilidad forma parte de la programación y de la experiencia de los visitantes.

Pescado a la plancha en Santander

Santander celebra la diversidad durante 28 días

Desde el 10 de agosto hasta el 6 de septiembre, el aparcamiento de los Campos de Sport del Sardinero se convierte en un espacio donde distintas culturas pueden encontrarse con el público santanderino y con quienes visitan la ciudad durante el verano. La duración de 28 días permite que la programación se distribuya en diferentes jornadas temáticas y que cada visitante pueda acercarse al festival con intereses distintos. Para algunos, el principal atractivo estará en la gastronomía; para otros, en la música, el baile, las tradiciones, las actividades solidarias o las propuestas de inclusión. Esa variedad es precisamente una de las características que definen la cita.

Las palabras de la alcaldesa Gema Igual sitúan el festival dentro de una idea de ciudad basada en la convivencia y la diversidad cultural. La celebración ofrece una representación visible de esa pluralidad y genera durante varias semanas un espacio en el que diferentes comunidades pueden compartir sus expresiones y relacionarse con el conjunto de Santander. En este sentido, el festival funciona tanto como una propuesta de ocio como como un punto de encuentro ciudadano, donde la cultura, la gastronomía y la solidaridad ayudan a establecer conexiones entre personas de procedencias distintas.

Con Brasil como país invitado, una programación que supera las 500 personas sobre el escenario, una amplia presencia asociativa y gastronómica y nuevas medidas de accesibilidad, la XIX edición mantiene una vocación abierta y participativa. El calendario culminará el 6 de septiembre con la merienda multicultural y el desfile de trajes típicos, cerrando 28 días en los que Santander habrá vuelto a convertir El Sardinero en una ventana hacia diferentes lugares del mundo. La propuesta deja así una idea sencilla pero significativa: celebrar la diversidad también puede ser una forma de conocerse, compartir espacios y reforzar los vínculos que forman parte de la vida cotidiana de una ciudad.

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